Aquí los esperé pacientemente y con un soluco muy agradable.
Tras los efusivos abrazos a los veteranos y los saludos de rigor a los nuevos amigos, despachamos una opípara comida previa visita al Hotel Palacio de Cimiano, que nos enseñaron embelesados sus dueños. En él encontramos detalles muy originales y 21 habitaciones que bien podían haber sido 42 por lo espaciosas que eran. Ahí os va el cambio de color de la alcachofa de la ducha, según la temperatura del agua.

Es posible que, si organizo algo para sus señorías y consigo apretar los precios a Alfonso, (motero propietario de una MV Agusta Brutale) y a su padre Enrique, nos alojemos en su palacio. Los acababa de conocer pero luego resultó que son el padre y hermano del protagonista de los sketchs de la TV vasca "Vaya semanita".
Aquí se registró la primera incidencia del viaje. La LT de Miguel tuvo la mala suerte de impactar con una piedra en los bajos, que le inutilizó el caballete y la pata de cabra y tambien provocó una pérdida de aceite por un manguito que nos aconsejó reenviarla a León con una grúa de asistencia. Por lo cual no pude echar un pulso a la BMW en la guerrilla de puertos que siguió por la tarde.
Como no se trataba de descansar en los apetecibles salones del palacio, sino de aprovechar para rodar en moto, nos pusimos a la labor. Tomamos dirección hacia La Hermida, dónde giramos a la izquierda y subimos a Linares, no sin saltarnos unas vallas que cortaban la carretera por obras, (traviesos que somos, a pesar de la edad),
y verdaderamente acertamos, porque la incidencia del corte era mínima y a las motos no las afectaba en absoluto.Sin embargo no pudimos alcanzar el objetivo de llegar al mirador de Santa Catalina en Peñarrubia pues en la ladera norte había nevado y era imposible subir con un coche bloqueando el paso y con una pendiente considerable. Tuve que dar la vuelta al armario con ayuda de mis amigos, pues el tramo era muy estrecho y con un desnivel del 11 %.
Continuamos subiendo y bajando el collado de Hoz y el collado de Ozalba. Pasamos por Quintanilla de Lamasón, camino de Puentenansa y de allí nos dirijimos a la collada de Carmona, que, una vez sorteada, nos desembarcó en el valle de Cabuérniga.
Aquí surgió otro pequeño incidente. Ibamos 9 motos (Miguel regresó a Santander en taxi y Kike tenía que hacer la digestión en la cama del hotel Bahía en Santander cuanto antes,
Nos paró la Benemérita en un control rutinario en Valle. Los cinco primeros cayeron en una comprobación de papeleo que no originó mayor problema que la interrupción de la marcha durante 5 minutos. Pero los cuatro restantes esperamos unos 200 metros más adelante, en la misma recta. A Pablo se le ocurrió sacar una foto del incidente y, al ver el flash, una agente arrancó a todo correr hacia los que esperabamos y menos mal que todo se resolvió con el borrado de las fotos "indebidas".
Como balance de la ruta os diré que la GW, en esas carreteras ratoneras, tiene que hacer demasiados esfuerzos para poder seguir el ritmo de las otras motos, (2 GS Adventure, dos GS 1200, una K 1200 naked, una Aprilia Tuono, una GS 800, una Triumph Tiger y una R850R). Solo pude con la última. Pero le vino bien al armario para quitar telarañas acumuladas en tanto trayecto largo por autovía a velocidades constantes y para comprobar que se puede circular ligerito, apurando frenadas y rozando alguna que otra vez con las estriberas, todo ello dentro de un orden y sin pretender alcanzar a otro tipo de motos como las que iban de compañeras de excursión.
Regresamos a Santander cogiendo el último tramo por la autovía desde Torrelavega y, tras un pequeño descanso en el hotel, momento que aproveché para llevar a mi madre a misa de 8:00 a los Carmelitas, recogí a la comitiva en Las Hijas de Florencio, (tapeo típico santanderino) y nos dirigimos a cenar a "La Brocheta", donde lo hicimos pero que muy bien, como podréis comprobar por el resto de las fotos.
Aquí falta Pachi (Aprilia Tuono), que le tocó hacer de fotografo.
Pablo, el del reportaje borrado por la Benemérita, y Flex queriendo tirarme de la barba.
Yo aguantando las ganas de saltar sobre el cogote de Machote sabrosísimo del que no dejé más que las espinas para el gato.
Kike, con su formidable Randy Mamola réplica, con la que no precisa llevar un armario para darse la vuelta a España como piensa hacer en abril.
Y por último una foto de cuatro esperando al resto en la puerta del garaje del hotel Bahía para emprender el regreso a León y otras de la Randy Mamola de Kike y la Aprilia Tuono de Pachi.
Y colorín colorao este cuento se ha acabao. Pero ha sido una experiencia, intensa, comprimida e imborrable en mi memoria que seguramente volveré a disfrutar con mis amigos de León (y con todo el que se quiera apuntar),
en más de una ocasión. Desde aquí les envío un fortísimo abrazo y les agradezco que se hayan acordado de mí para compartir la excursión. Gracias Kike.
y ¡Hasta la próxima! 







